Sobre mí

¡Hola! Soy Paula. Paula de Caso. 30 años, jerezana y residente en Madrid.

Sí, la misma de la foto de aquí al lado 🙂

Y te voy a contar una historia:

De pequeña quería ser forense. Devoraba unos libros cuya protagonista era una aventurera forense que se veía involucrada en casos alucinantes. Sí, lo admito, era una niña un poco “bicho raro”, pero también crecí con Mafalda, Garfield, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Disney. Sí, soy una chica Disney, también lo admito. Además, me pasaba el día dibujando, haciendo manualidades y todo lo que se me pusiera por delante (¡hasta punto de cruz!).

En el instituto decidí que mejor iba a ser “teleco”, que eso me iba a dar pasta. Me pasaba las clases de matemáticas haciendo caricaturas manga de mis compañeros de clase. Varios suspensos seguidos después me di cuenta de que no me apetecía estar toda la vida haciendo algo tan terriblemente ABURRIDO, ni siquiera a cambio de mucha pasta.

Un día, viendo los créditos de una peli, pensé: Debe ser divertido hacer eso. Cositas para la tele. Para las pelis. ¿Animación quizás? Sin saberlo, empecé a recorrer mi camino.

Acabé haciendo Comunicación Audiovisual y Animación, y descubrí el mundo más allá de Disney. Durante la carrera quise ser periodista de guerra, animadora, guionista, presentadora de la radio, montadora de sonido… Mientras, mis amigos del colegio mayor se reían de mí, diciendo que lo mío era “Pinta, recorta y colorea”.

A mitad de la carrera me sentía perdida. Suspendía, me costaba estudiar, me aburría ir a clase… Ya por aquel entonces le daba a las agujas de punto y ganchillo… Me pasé muchas horas entre lanas, que si las hubiera dedicado a estudiar, hubiera sido una chica de matrícula, jejeje.

Ese segundo cuatrimestre tuve una asignatura de Diseño Corporativo. ¡Voilá! Decidí que por ahí seguiría mi camino. Y luego, ¡me montaría mi tienda de ropa de ganchillo! Tenía hasta su nombre, Caso Aparte. Así que hinqué codos como una loca, acabé limpia, y comencé un máster de diseño gráfico.

Ese máster, además de diseño gráfico también tenía diseño web. Muy práctico, pensé. Así que sin darme cuenta, entré en una empresa de diseñadora web… y ahí me quedé. Olvidé mi tienda, mis agujas, mi pinta-recorta-y-colorea, mis cursos de fotografía, de dibujo y pintura, de caligrafía, de estampación… Olvidé mi Camino.

En un arranque desesperado de recuperarlo, me lancé a estudiar un máster en Álbum Infantil Ilustrado, en i con i. Allí lo pasé genial, conocí a gente increiblemente creativa, tanto compañeros como profesores… Pero seguía sin ser lo mío.

Mientras yo miraba hacia mi futuro laboral y lo veía todo azul-oscuro-casi-negro, mi hermana me trajo un regalito: mi sobrina África. No me voy a poner ñoña diciendo que la mejor sobrina del mundo, la más lista, la más guapa y la más graciosa (pero lo es).

Así que cuando Afri tenía poco más de un año, yo me apunté a clase de costura. Y me dediqué a hacerle ropita. Y esa fue mi señal. La señal que hace que te des cuenta de que, a pesar de que la vida te vaya marcando un camino, uno puede tomar pequeñas decisiones para cambiarlo.

Mi señal fue darme cuenta de lo feliz que era en clase de costura. Creando en el sentido más literal de la palabra. Donde no había nada, de repente, aparecía una falda, un pantalón, un sombrero… ¡Qué satisfacción!

Dejé mi trabajo, y decidí cambiar mi camino.

Hacer un cambio de este tipo no es nada fácil. Es como cogerte de los pies y agitarte bocabajo, y dejar que caiga todo: los miedos, los prejuicios, las malas costumbres… y quedarte un poco vacía. Bocabajo y vacía.

En un principio esto asusta mucho, pero luego te das cuenta de que ahora te has liberado de un peso que te sobraba, y que ese vacío lo puedes volver a llenar con…. ¡lo que te APETEZCA! Y yo ese vacío lo he llenado con carretes, dedales, agujas, alfileres, lana, canillas, telas (muchas telas) y un buen montón de ilusión.

Lo he llenado con Ciao Pescao.

Así que se acabó esperar a que las cosas malas cambien por sí solas. Llevo 12 años en Madrid buscando un camino. Tengo 30 años y con ellos llegaron las ganas de hacer lo que me gusta. Elegir mi camino. Y ahora, YO ELIJO. Mi camino es ¡Pinta, recorta y a coser!

 

 

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